Guillermo Yáñez Tapia
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Referente fotográfico: Del dispositivo (cultural) visual en la ontología del referente

Guillermo Yáñez Tapia

Publicado originalmente en: Instantáneas de la Teoría de la Fotografía



“La cultura visual trabaja en pro de una teoría social de la visualidad, centrándose en la cuestión de qué es hecho visible, quién ve el qué, cómo se ve, y cómo visión, conocimiento y poder están íntimamente relacionados” Mieke Bal





_de la materialidad fotográfica_

El estado teórico actual de la fotografía se complejiza por la irrupción del dispositivo digital en tanto fondo de contraste. Dicho relieve coloca en evidencia la instalación habida del referente fotográfico en tanto huella indicial; cuestión que ha sostenido los principales discursos teóricos semióticos en torno a la relación de la fotografía con el objeto de su representación. Es este sentido la fotografía es comprendida como la fidelidad del momento singular, sujeción material, su registro, de la experiencia de un acto: “Lo que la fotografía reproduce al infinito únicamente ha tenido lugar una sola vez: la Fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente” (Barthes 2004: 28-29). La fotografía no se sobrepasa a sí misma; la fotografía se abre como un punto inamovible que se fija en lo que dice ella misma del referente: toda foto “jamás se distingue de su referente (de lo que ella representa)”, “tiene algo de tautológico: en la fotografía una pipa es siempre una pipa, irreductiblemente” (Barthes 2004: 30). En otras palabras, la fotografía insiste de sí misma porque en ella el referente habla desde su despliegue en la constitución propia del dispositivo fotográfico. ¿Pero qué es el referente en la fotografía? ¿Cómo se entiende este para situarlo en relación al dispositivo fotográfico? O forzando la pregunta provocadoramente: ¿a qué refiere el referente en lo propiamente fotográfico? “Llamo «referente fotográfico» no a la cosa facultativamente real a que remite una imagen o un signo, sino a la cosa necesariamente real que ha sido colocada ante el objetivo y sin la cual no habría fotografía” (Barthes 2004: 120). El referente, por lo tanto, siempre ha sido la intención de la fotografía. La fotografía se abre en busca del referente y en el accionar del dispositivo es en donde deben situarse los mecanismos de dicha búsqueda. La fotografía parte se sí misma, en tanto dispositivo y no imagen, indicando (relacionándose) con el referente que le da posibilidad de estar siempre constituyéndolo desde el mecanismo o artificio dispuesto para producir una acción prevista. El resultado de esa indicación que constituye al referente es la imagen. Es por esto que la mímesis ayuda a reforzar la articulación del referente dispuesto en el dispositivo fotográfico.

Para Phillipe Dubois a la fotografía “se le ha atribuido una credibilidad, un peso real absolutamente singular” (Dubois 1986: 19-20) que se sostiene en el proceso mecánico para su generación, “lo que se ha llamado automatismo de su génesis técnica” (Dubois 1986: 20). La fotografía tiene el peso de lo real que lo convierte inmediatamente en testimonio, en prueba, de aquello a lo que refiere, del acto que la sustenta. Pero dicho peso no se sostiene en la mímesis sino como imagen foto que no puede ser separada del acto que la funda, su experiencia referencial. “La foto es ante todo índex. Es sólo a continuación que puede llegar a ser semejanza (icono) y adquirir sentido (símbolo)” (Dubois 1986: 51). Nuevamente se trata de hacer del referente fotográfico una fijación propia del dispositivo, una relación que surge del mecanismo dispuesto en el dispositivo en sí. El residuo de dicho mecanismo, la huella, es el dispositivo propiamente tal, aquello que hace de lo fotográfico su peculiaridad. Es esto que hace de lo fotográfico un modo de ser distinto del constituido en los mecanismos de la camera obscura. Hay puesto en juego en ello un registro físico-químico que se presenta como la disposición abierta por lo fotográfico.

Es precisamente esa peculiaridad la que permite el giro ontológico para fijar el referente como aquello que se constituiría en el noema de lo fotográfico. No hay nada que esté fuera del modo de operar del dispositivo fotográfico que impida pensar en el referente de éste, en cuanto huella físico-química, como la arché que lo funda. La materialidad del artificio fotográfico obliga a pensar e imaginar su resultado como un producto que se sustenta en la naturaleza misma de su proceder mecánico. La teoría de la fotografía comprendió que para hacer de la fotografía una explicación debía centrarse en la materialidad del dispositivo “por el hecho de que el estatuto pragmático de la imagen se basa en una tematización de esa materialidad que crea su especificidad” (Schaeffer 1990: 12). Entonces la relación ontológica del referente fotográfico con la imagen derivada del dispositivo visual que lo hizo posible es una relación que siempre se ha comprendido como una huella. Es decir un registro lumínico que ha sido hecho representación por la posibilidad de fijar la imagen disponible ya en la camera obscura. Se podría uno ver tentado a establecer en la camera obscura una especie de proto-fotografía, pero en dicho artilugio únicamente se abría la posibilidad de proyectar una imagen interior que necesitaba del atestiguamiento directo por parte del espectador ubicándose en el espacio interior de dicha camera obscura. La imagen proyectada se desvanecía de manera inmediata en cada uno de los fragmentos temporales que posteriormente podrá fijar la fotografía. La fijación de esa imagen concentrada lumínicamente por el complejo óptico será la peculiaridad de lo propiamente fotográfico. No una fijación de sus consecuencias estéticas y de contenidos, sino en relación a las expectativas que cualquiera puede tener frente al intento por fijar un momento sobre una superficie o soporte y establecerlo como sentido posible a posteriori. La fotografía es un registro material de la luz sobre un soporte (haluros de plata) que el dispositivo establece como depósito que contendrá, luego de un proceso químico, la huella de lo fotografiado. Esta disposición abierta por el dispositivo fotográfico está pensada en las acciones previstas que encierra en sí mismo y la verdad del registro es la verdad de la relación ontológica (relación configurada en la apertura del dispositivo), entre imagen y la imaginación del referente en ella, puesta en juego por el dispositivo teórico que hizo posible al aparato fotográfico (recordar que el dispositivo fotográfico es la fijación físico- química del flujo lumínico en la camera obscura). El referente fotográfico es el que se proyecta de su relación con la imagen prevista por el mecanismo mismo del aparato. El concepto de muerte tan tratado respecto del registro fotográfico no se trataría más que del que surge como consecuencia de la permanencia material del registro y por lo tanto la permanencia del referente imaginado por el proceso fotográfico dispuesto en el dispositivo. La muerte fotográfica, en tanto permanencia de o vivo como cosa o en tanto fijación del pasado en la presencia fotográfica, tiene relación directa con las características que hacen del dispositivo una forma de registro confiable; confiabilidad que se sostiene en la disposición abierta, como se ha enfatizado reiteradamente, del mecanismo del artificio fotográfico. La transparencia del dispositivo fotográfico en la imagen hace que se olvide su mecanismo interno y de que en su excluir al operador del proceso mecánico interno hiciera de su registro una objetividad confiable; sin embargo, el dispositivo es una consecuencia de un dispositivo teórico que lo hizo posible y que le dio la justificación necesaria para que fuera posible de ser aceptado en su coherencia. El proceso de fijación de la imagen en la fotografía es un proceso establecido tecnológicamente por la cultura humana y al entenderse el registro lumínico sobre haluros de plata como huella material, se aceptan los presupuestos que el pensamiento científico-técnico ha elaborado como ciertos tanto en la Física como en la Química. La única objetividad de la fotografía, en tanto registro confiable del referente, es la que surge del mecanismo de aceptación cultural de los procesos científicos para conocer aquello que de común denominamos mundo. La inscripción fotográfica imagina el mundo desde el control que se establece respecto de la huella lumínica en un soporte que es procesado (de imagen latente a imagen) químicamente. En este proceso se obtiene una imagen que pareciera tener algo que ver con el modelo (objeto de la representación) en la relación dada por las acciones previstas del aparato y que pareciera vincularse materialmente con él. En síntesis, el dispositivo fotográfico es un momento del desarrollo tecno-científico que lo hizo posible.

Me gustaría decir esto de otro modo. Cuando Barthes afirma de la fotografía que ésta “repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente” (Barthes 2004: 29), no hace otra cosa que dar cuenta del dispositivo teórico que se lee culturalmente en el dispositivo fotográfico. La imposibilidad de reactualización, por medio de su ubicación existencial original, de dicho suceso registrado fotográficamente hace del mecanismo, y de sus acciones previstas en cuanto dispositivo, un modo para establecer la comprensión del referente en su producto final: la fotografía. El referente de la imagen fotográfica es la manera como éste ha sido vinculado por medio del proceso maquinístico mismo con el modo en que la ciencia Química y Física han configurado el mundo en su momento. No se trata sólo de una mecánica, sino del sentido articulado teóricamente que dio cuerpo a la relación ontológica entre imagen y su referente en la fotografía. Una relación ontológica configurada desde la materialidad del dispositivo fotográfico. La fotografía es únicamente en la condición abierta desde el dispositivo que tiene su base en la teoría tecno-científica del momento de su irrupción. La fijación de la fotografía establece al referente desde la manera propia de comprenderlo en cuanto producto de su mismo proceder; es un referente que se fija ontológicamente en el proceso propio del dispositivo fotográfico. De nuevo Barthes: “La fotografía dice: esto, es esto, es asá, es tal cual y no dice otra cosa; una foto no puede ser transformada (dicha) filosóficamente, está enteramente lastrada por la contingencia de la que es envoltura transparente y ligera” (Barthes 2004: 29). Exactamente no puede la fotografía ser pensada de otra manera sino de la forma en que el dispositivo fotográfico mismo opera gracias a procedimiento del dispositivo teórico que lo hace comprensible de esa manera contingente y no de otra. Dubois, en su texto “Máquina de imágenes” enfatiza que “con la fotografía, la máquina de imágenes se transforma entonces en una suerte de máquina célibe, que autoproduce su propia representación bajo el control (a veces aproximado) del hombre” (Dubois 2001: 14). ¿Qué es lo que autoproduce propiamente la fotografía? Sencillamente aquello que en tanto mecanismo de acciones previstas se espera de ella. El referente, su relación ontológica, sólo puede ser comprendido en la mecánica del dispositivo; mecánica propia, como ya se dijo, del dispositivo teórico que lo hizo comprensible. Un dispositivo teórico instalado culturalmente como modo de representación confiable y acorde al sentido instalado por su propio modo de proceder en tanto representación válida de la realidad. El referente fotográfico es el que puede ser imaginado únicamente al interior y por medio del dispositivo mismo desarrollado en lo fotográfico.



_del dispositivo fotográfico_

Pero qué es lo que hace que un dispositivo opere de esa manera. A modo de pregunta que dirija una posible respuesta: ¿qué es un dispositivo?


“El dispositivo se define como aquel mecanismo o artificio dispuesto para producir una acción prevista1. Y en su calidad adjetiva se dice de él que dispone2. Es decir no sólo se trata de algo que produce acciones sino que dispone también respecto de esas mismas acciones, es decir, en su accionar abre una disposición respecto del producto de sus acciones que modifica nuestras expectativas habituales. En otras palabras se podría decir que reorienta, en dicha acción prevista, para ofrecer una coherencia interna que responde, precisamente, a las acciones prevista por el artificio o mecanismo. Luego, un dispositivo abre el mundo desde las acciones para las que fue previsto, es decir el dispositivo necesariamente entra en contacto, de alguna u otra manera, con aquello que de manera habitual situamos en la realidad. Mediatiza el dispositivo nuestra relación con el mundo por medio de ordenarlo según las acciones previstas por el mismo: reordena nuestra experiencia por medio del mecanismo transformando la imagen que nos habíamos hecho de él. Es en esa relación con lo que no se trata de nosotros donde el mecanismo reorienta nuestra disposición para ofrecernos una relación con la realidad mediatizada por sus acciones.” (Yáñez Tapia 2008)


Un dispositivo nos hace transitar por aquello para lo que fue dispuesto y en ello nos hace mirar desde dicha disposición. La relación que establece un dispositivo con el mundo se vincula porque esperamos del dispositivo una acción prevista que establece una manera peculiar y propia para abrirse operativamente. En otras palabras, el dispositivo articula el mundo desde la manera prevista por sus acciones que no son más que un orden para funcionar entre las cosas y otros dispositivos. ¿Y qué sucede entonces con los dispositivos visuales? De ellos esperamos que la acción prevista arroje como resultado una representación de aquello a lo que refiere, es decir, se relaciona con el referente de manera tal que puede elaborar una imagen de aquello que se busca representar desde su comprensión y articulación del referente. Esa imagen tiene relación con el referente en tanto que lo configura desde las acciones que le son propias. El referente en los dispositivos visuales constituye una relación ontológica que lo define; el referente no está fuera del dispositivo, sino que surge desde él. No se trata de establecer si el referente tiene existencia propia o no en un supuesto exterior, sino más bien de entenderlo en relación al dispositivo mismo. Se trata más bien de que la representación de dicho referente se articule en los procedimientos mismos del dispositivo haciendo que el referente aparezca desde los mecanismos pensados en el funcionar del artificio. El referente es una construcción dada por la relación ontológica dispuesta por el dispositivo en la imagen con dicho referente; al dispositivo le resulta comprensible el referente únicamente en la disposición propia desde la que surge la imagen. El dispositivo presupone al referente de manera tal que no puede imaginarse el referente sino es por medio del dispositivo. Podría decirse que el dispositivo imagina al referente en las acciones previstas por el artilugio mecánico para la representación visual.

En lo anterior, no hay que fijarse tanto en el proceso mecánico, como en el dispositivo teórico que hace plausible la comprensión del modo previsto para el dispositivo visual mismo. En otras palabras, se trata de hacer aparecer en la imagen un referente ya pensado desde la representación teórica que hace posible la operatividad y verosimilitud del dispositivo mismo. El dispositivo apunta hacia el mundo para representarlo según la disposición abierta por éste. El referente, en el dispositivo fotográfico, es una relación ontológica que surge y se establece en la operatividad política del dispositivo, en tanto dispositivo que responde al soporte teórico que lo constituyó. El referente nunca es el objeto en la representación sino la dirección desde donde se ha de leer el mundo en la coherencia abierta por los dispositivos visuales; es en esa dirección en la cual se establece el referente para su comprensión. El dispositivo visual mira al referente desde una comprensión previa que se sostiene en el dispositivo teórico que permitió su irrupción. Esto no debe ser leído en clave idealista, sino todo lo contrario. El dispositivo visual (cualquier dispositivo) no es autónomo, es una instalación cultural que deriva de los dispositivos teóricos que hegemonizan nuestros discursos visuales: el propio de la modernidad. La materialidad del dispositivo visual es una consecuencia discursiva de la materialidad social de los dispositivos teóricos. Es por ello que la mímesis no es el problema principal de la representación en los dispositivos visuales, sino el de hacer comprensible el referente articulado con el dispositivo para establecer una manera de ser de lo representado que no escape a la verosimilitud del artificio mismo. El dispositivo visual articula un mundo posible en sus mecanismos previstos. Este mundo es vero-símil, no es el mundo en sí, en cuanto entidad que escape al discurso teórico mismo. Al dispositivo visual le interesa que el mundo desplegado en la imagen sea un mundo que pueda ser comprendido como tal, en otras palabras, privilegia la representación y se desentiende del mundo en sí. Los dispositivos visuales son artilugios para dar cuenta, representacionalmente, de un referente posible de ser imaginado en la imagen que generan. Para ello necesitan el soporte del dispositivo teórico, un dispositivo de pensamiento, validado socialmente. La validación ocurre cuando el dispositivo teórico resulta verosímil de ser pensado; por ello todo dispositivo visual no es más que un dispositivo teórico.



_del dispositivo (cultural) visual como ontología del referente_

¿Pero qué teoriza el dispositivo? El modo en que la imagen imagina el mundo desde su imaginario político-tecno-científico. El dispositivo, en su calidad de mediador, no hace de pantalla sino de apertura misma para indagar el sentido de mundo que despliega el dispositivo mismo. La imagen no es sólo representación o sentido, es en sí misma una manera de pensar al mundo para que este no se escape en el hecho in-articulado. En la imagen hay una manera de establecer un orden para el mundo y cuando este orden se proyecta desde y en el dispositivo, lo hace porque hay en los dispositivos visuales una manera prevista para hacer de la imagen que produce una forma coherente de imaginar el modelo supuesto que le dio origen, el referente. Insisto en que no se trata de un idealismo extremo, sino de que el dispositivo visual, y toda imagen, construye una relación onto- política que permite imaginar al referente desde una especie de pre visualización comprendida en el soporte mismo del dispositivo visual. El referente no es lo que pueda o no estar más allá de la imagen; en rigor se trata que el referente sea la dirección por medio de la cual se hace posible imaginar la imagen. Es por ello que la imagen derivada de los dispositivos visuales no pueda hacer más que establecer ontológicamente al referente desde los mecanismos previstos por éste, que no son otra cosa que la manera en que fue pensado, en tanto derivación del dispositivo teórico que lo hizo posible.

Desde aquí se puede elaborar una serie de apuntes que intentarán implicar la instalación política del referente fotográfico en un dispositivo que responde a un soporte teórico que posibilitó su desarrollo. La fotografía no es la imagen, sino lo que el dispositivo fotográfico elabora como discurso en su operar para lograr la irrupción de una imagen, la pensada por su propia articulación. La fotografía se instala en tanto huella porque el dispositivo la instala desde ahí para su circulación y uso sociales. Siguiendo lo que dice Mitchell respecto de la impureza de lo visual, “todos los medios son medios mixtos” (Mitchell 2005: 21), se trataría que la fotografía posibilita su circulación como imagen gracias a la instalación del dispositivo en una práctica social material de discursos circulantes no únicamente visuales en la manera que entiende el mismo Mitchell el concepto de medio. Esta práctica social material es la tecno-científica que elabora mapas confiables del mundo que se van superponiendo por el motor mismo que mueve su generación pragmática derivada de las tecnologías y las ciencias aplicadas. Mapas, que en la misma lógica de su desarrollo, pueden ser radicalmente alterados por la irrupción de nuevos dispositivos al interior de la misma estrategia tecno-científica. No es menor que las fotografías desde sus inicios hayan sido confiables precisamente por la confianza en un proceso político-social- significativo, aparentemente alejado de cualquier manipulación subjetiva por parte del operador. No es menor que la burguesía haya dado su aprobación a la irrupción del aparato fotográfico como elemento simbólico de un proceso que encabezaba: el registro y cálculo objetivo y confiable de lo que estaba en el mundo para su mejor administración. El proyecto tecno-científico y el burgués son parte constitutiva de una misma práctica social material que ve en la fotografía, en su modo de operar pragmático, el sustento para seguir avanzando en el dominio material del mundo. A continuación podemos establecer algunos puntos que no serán tarea de este ensayo el desarrollarlos, pero que bien pueden ser tomados en cuenta para comprender el por qué la base material del dispositivo fotográfico, y la manera en que este constituye y comprende el referente, es determinante en tanto huella del mundo.

La fotografía aparece como el proyecto para la desmantelación del objeto atrapado auráticamente. “Quitarle la envoltura a los objetos, hacer trizas su aura, es el rasgo característico de una percepción cuya sensibilidad para todo lo igual del mundo ha crecido tanto que incluso lo arranca a lo singular mediante la reproducción” (Benjamin 2005: 42). La fotografía va en busca del objeto como si pasara indemne por medio del complejo maquinístico del dispositivo fotográfico hasta su registro. Esta concepción deja de lado al dispositivo como consecuencia de una instalación cultural muy específica y ya explicada en este texto. “Día a día se hace más acuciante la necesidad de adueñarse del objeto en la máxima cercanía de la imagen, o, más bien de la copia” (Benjamin 2005: 42). Una cercanía dada por el inicio de la imagen técnica en cuanto mapeo calculado y confiable de las herramientas tecno-científicas. ¿No es acaso el proyecto moderno apropiado pragmáticamente por la burguesía el que opera en este análisis? Más allá del carácter liberador que pueda tener la extracción del objeto de su cobertura para Benjamin, opera en el análisis la cercanía del objeto como el elemento propio de la relación material equitativa entre el proceso de registro (y su referente) y lo mapeado, no importa de qué se trate esto. Se establece la ontología del referente más allá del dispositivo, cuestión que ya se ha demostrado no es tan clara. Más bien se trataría de que el referente no pueda ser concebido sino en el funcionamiento mismo del dispositivo fotográfico, en nuestro caso de análisis. El objeto atraviesa el dispositivo limpia y puramente, para Benjamin, de cualquier contaminación aurática; es esta transparencia la que evita precisamente situar la ubicación del dispositivo fotográfico al interior de una práctica social material que explica de una forma más satisfactoria y rigurosa la cuestión del índex fotográfico.

El significado de lo fotográfico necesita establecerse en el dispositivo, en su materialidad instalada como discurso teórico derivado de la tecno-ciencia. Pues sólo ahí pueden ser comprendidas en su alcance conclusiones como la siguiente: “la imagen foto se torna inseparable de su experiencia referencial, del acto que la funda” (Dubois 2002: 51). Es decir que la fotografía establece un vínculo interno con el referente. Esto puede ser explicado como la disposición abierta por el dispositivo mismo para el despliegue del referente como aplicación del discurso teórico físico-químico. Lo que dice la imagen fotográfica del mundo es lo que dice desde la comprensión de mundo bajo la cual se desarrolló el dispositivo. Lo qué dirige la pregunta por lo fotográfico debe considerar como base de la pregunta la afirmación de “que el referente se adhiere. Y esta singular adherencia hace que haya una gran dificultad en enfocar el tema de la Fotografía” (Barthes 2004: 32). No hay manera de evitarlo. Sin embargo, la confusión surge cuando se intenta desprender el referente del dispositivo mismo. La adherencia del referente es producto que es el dispositivo mismo quien lo abre en su operar interno. La fotografía no es el referente sino su particular modo (teórico) de articularlo desde el dispositivo. Se trata de ver en lo fotográfico “actos de ver extremadamente complejos que resulta de la cristalización y amalgama de un espeso trenzado de operadores” (Brea 2005: 8-9). Por eso en la imagen fotográfica hay que indagar, investigativamente, en desde donde se constituye el modo propio de ver en el dispositivo fotográfico. Todo dispositivo no es inocente del contexto que permite que irrumpa y se instale como una disposición aceptada en el discurso de las prácticas sociales. No se trata de problematizar a la fotografía como imagen, porque esto resulta insuficiente para su comprensión. Se hace necesario suspender lo visual de la fotografía para indagar como esta se hace visible en su manera de mostrar el referente como algo posible de encontrarse en aquello que de común denominamos mundo. En este sentido podría decirse que hay hacer de la ceguera de la fotografía su ámbito de visualización. El dispositivo fotográfico se establece desde una teoría de lo visible que aplica a su mismo proceder. Antes que el referente aparezca como huella en lo fotográfico ya ha sido pensado de tal manera por las conclusiones del momento contextual para la tecno-ciencia.

¿Pero de qué sirve todo esto? Sirve para situar el plan estratégico para abordar una mejor comprensión de lo fotográfico. Básicamente porque es desde esto que se establece, en gran medida, el modo en que es recepcionado socialmente. La cuestión de qué dice la imagen fotográfico, en tanto contenido, es menos fundamental que la manera en cómo lo dice. Un modo que se inserta en un enfoque para representar (mapear) el mundo desde la imagen técnica por aparatos. Lo que se busca es el mundo mediante una estrategia tecno- política que evite la interpretación subjetiva anterior; lo pictórico. No se trata de plantear que la lectura subjetiva de una imagen fotográfica no pueda ser posible, sino de establecer que la imagen técnica busca un registro confiable para el mundo burgués. Se trata de teorizar la representación de manera de lograr un mejor dominio que permita una mejor administración de lo visible.

El referente fotográfico es la huella del dispositivo político que opera en los mecanismos del dispositivo fotográfico. Un dispositivo político que establece la ontología del referente en el dispositivo fotográfico mismo. La imagen fotográfica es la representación derivada de mecanismos que abren la disposición del dispositivo fotográfico como el fundamento de su visualización. La imagen fotográfica, su peculiaridad, radica en que ya viene configurada desde el dispositivo teórico mismo que ha permitido el desarrollo del dispositivo fotográfico. Un dispositivo teórico que establece una práctica social material que opera como dispositivo político. La imagen técnica por aparatos, en la que se inserta la fotografía, es una imagen ciega en la transparencia de la imagen misma, porque su fundamento se instala precisamente en la comprensión de la estrategia tecno-científica que hace de sus mecanismos teóricos una manera previa para la representación de la realidad en tanto práctica social material.




Bibliografía

Barthes, Roland (2004): “La cámara lúcida. Notas sobre fotografía”. Buenos Aires: Paidós.

Benjamin, Walter (2003): “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”. México: Itaca.

Brea, José Luis (2005): “Los Estudios visuales: por una epistemología de la visualidad”. En: Brea, José Luis (editor): “Estudios Visuales: La epistemología de la visualidad en la era de la globalización”. Madrid: Akal

Dubois, Philippe (1986): “El acto fotográfico: de la representación a la recepción”. Barcelona: Paidós.

Mitchell, William J. T. (2005): “No existen los medios visuales”. En: Brea, José Luis (editor): “Estudios Visuales: La epistemología de la visualidad en la era de la globalización”. Madrid: Akal.

Schaeffer, Jean-Marie (1990): “La imagen precaria: del dispositivo fotográfico”. Madrid: Cátedra.

Yáñez Tapia, Guillermo (2008). Espectador, laFuga, 8. [Fecha de consulta: 2017-02-22] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/espectador/329